Creatividad: la publicidad minimalista

publicidad minimalista

A la hora de imaginar una campaña publicitaria, es inevitable que todos empecemos pensando a lo grande. En ese gran anuncio que nos lleve a la fama, o que consiga que nuestro producto se convierta en todo un referente. Igual que un periodista sueña con conseguir el artículo que le haga ser recordado como un nuevo Truman Capote, o el escritor con idear ese best-seller que convenza a público y crítica por igual.

Pero ahora mismo, en esta época depublicidaden tiempos de crisis, no siempre funciona esta regla. Es más, no tenemos que pensar demasiado para recordar alguna gran campaña que se basa fundamentalmente en algo muy diferente: el minimalismo. El uso de formas geométricas básicas, de colores sencillos, de imágenes que sepan hablar por sí mismas sin demasiado artificio a su alrededor.

Conseguir impactar en la mente de golpe, de manera que el receptor capte el mensaje a la primera y se quede reflexionando sobre él, es la mejor manera de lograr la visibilidad de nuestra marca o producto, y de conseguir que se convierta en algo de lo que hablar. La experiencia, no sólo como creativos sino como consumidores, nos dice que los anuncios especialmente recargados dejan una impronta muy breve en la memoria. Son difícil de explicar a otras personas, e influyen sobre todo en nuestra capacidad de impresionarnos a corto plazo.

El ingenio sencillo, no obstante, no sólo es más fácil de recordar y reconocer a posteriori, sino que también nos hace sentirnos cómplices del juego. Y, con el paso del tiempo, se convierte en un estilo publicitario que nos permitirá mil y una posibilidades y combinaciones. Así pues, cuando nuestra mente nos quiera hacer vagar por los derroteros de la exageración y la grandilocuencia, no está de más que intentemos practicar el ejercicio contrario: pensar en lo sencillo, lo que impacta a simple vista. Una forma de captar la atención, sin duda, mucho más acorde con nuestra mente y los tiempos veloces que vivimos.