Tecno-austeridad

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Por Avelina Frías

En momentos de crisis como los que estamos viviendo, la palabra austeridad comienza a cobrar fuerza, no sólo entre políticos y economistas, sino también en el mundo de la tecnología.

Y es que hay algunos indicios de que el sector tecnológico está despertando a la idea de que menos es más por dos razones principales: en primer lugar, porque hay un elevado número de consumidores que simplemente quieren que las cosas funcionen y sean fáciles de usar y, por otro lado, porque existe una gran demanda de tecnología entre personas de países en vías de desarrollo.

Es revelador que el valor de mercado de Apple, la empresa más estrechamente asociada con sencillos y elegantes productos de alta tecnología, recientemente superó a Microsoft. Es cierto que los productos de Apple ofrecen gran cantidad de aplicaciones complejas pero ha sabido vender muy bien sus productos como prácticos, sencillos e intuitivos. Nintendo, la empresa multinacional creadora de consolas para vídeo-juegos interactivos, es otra de las empresas que también ha prosperado desarrollando productos de fácil uso, un claro ejemplo es la consola Wii o la cámara de vídeo Flip.

La tecno-austeridad ha cobrado impulso al momento de tratar de reducir el costo de algo para que sea asequible a los consumidores en lugares como China, India y Brasil. Los productos resultantes comienzan a ser atractivos en los países desarrollados, especialmente en épocas de apretarse el cinturón. El netbook o portátil de bajo coste, se inspiró en un plan para producir ordenadores portátiles baratos para niños de países pobres pero, desde entonces, ha demostrado ser popular entre los consumidores de todo el mundo. Otro ejemplo nos lo ofrece la compañía automotriz india Tata, que diseñó el Nano, el coche más barato del mundo pensando en las clases medias de la India, y ahora, ha comenzado a comercializarse también en Europa, dónde crece la demanda de vehículos económicos y simples de conducir.

Todo esto ofrece motivos para la esperanza. La austeridad en la industria tecnológica podría ser la impulsora de una nueva forma de producción y consumo para el desarrollo social.