Relaciones Públicas: Pedagogía de una crisis

túatú - Pedagogía de una crisis Cuando los gobiernos de cualquier parte del mundo dicen que no han sabido comunicar correctamente sus políticas lo que en realidad están diciendo es que les hizo falta hacer una pedagogía de sus actuaciones.

Aún se recuerda la actuación de Colin Powell en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en donde intentó convencer que Irak tenía armas de destrucción masiva... aunque luego se demostró que no era cierto.

Durante su actuación, Powell, entonces secretario de Estado de EEUU, mostró varias fotografías e imágenes en 3D de supuestas instalaciones y bases móviles en donde los iraquíes guardaban o trasladaban las, a la postre, inexistentes armas.

Se dijo en su momento que la actuación de Powell iba dirigido sobre todo para convencer al público norteamericano y menos a persuadir a los miembros del Consejo de Seguridad, quienes mantuvieron su rechazo a la intervención militar planteada por el gobierno de George Bush Jr.

Resulta sorprendente, pero a día de hoy, aún hay gente en EEUU que sigue creyendo que en Irak había armas de destrucción masiva... y parte de este convencimiento fue producto de la pedagogía utilizada por Colin Powell.

Volviendo a España, parece que los políticos españoles no preparan demasiado sus comparecencias públicas, ya que les han pillado en varias ocasiones con declaraciones fuera de tono (el "¡Que se jodan!" de la diputada Andrea Fabra el día que el presidente Mariano Rajoy presentó una batería de ajustes) y las declaraciones de los ministros Cristóbal Montoro, Luis de Guindos, Fátima Báñez, entre otros, han externado frases no tan zafias como la anteriormente mencionada, pero desafortunadas en el fondo y en la forma.

Frente al "storytelling" que promueven algunos, habría que apostar por una pedagogía para explicar la crisis en el que hubiera un análisis técnico que intentara alejarse de las posiciones partidistas.

La población asiste impávida ante las diatribas que se lanzan entre los políticos de todos colores y buscan respuestas en cualquier lado para salir de dudas sobre el futuro.

Ante las innumerables incógnitas, la sensación de improvisación, de lanzar el discurso del miedo, de justificar las decisiones con tautologías, están alimentando la desconfianza y dañando la reputación de un gobierno que recibió un apoyo mayoritario en las urnas.

El presidente Rajoy tiene la responsabilidad de generar esa pedagogía.

Su discurso de "sangre, sudor y lágrimas" del 11 de Julio se diluyó por la anécdota de Fabra, pero fue un paso en la buena dirección.

Lo que toca ahora es acelerar todas las grandes reformas que aún quedan pendientes para dedicarse sin descanso a explicar técnicamente las razones que llevaron a tomar todas las decisiones.

Que sea un discurso sin miedo, en lugar de un discurso del miedo.

Si la gente percibe honestidad en el discurso se podrá generar confianza y de ahí esperanza.

Nunca la comunicación había sido tan importante como en estos momentos dramáticos por los que atraviesa España.

Hacen falta líderes y Rajoy aún tiene la oportunidad de serlo.